El paso del tiempo aviva el misterio en torno al crimen del comisario Morgans

Interés General 23 de junio de 2019 Por
Pasaron cinco años y el crimen del comisario inspector Guillermo Morgans sigue envuelto de misterio. No hay detenidos y nada se sabe hasta ahora desde aquel 10 de junio de 2014 cuando fuera ejecutado a sangre fría con un disparo en la nuca dentro del quiosco que tenía uno de sus hijos en Rodriguez y Salta, pleno macrocentro de Rosario.
guillemo morgans

Por las características del hecho, los investigadores siempre pivotearon sobre el móvil del intento de robo que la víctima resistió. Pero su rol destacado en la fuerza, el paso del tiempo y los escasos avances en la investigación alimentan las especulaciones.

Por Claudio Gonzalez - Aire de Santa Fe

En los despachos de los viejos juzgados de Instrucción de los Tribunales de Rosario el comisario Morgans gozaba, como pocos policías, de muy buena reputación. Los magistrados a cargo de espinosas causas le confiaban las pesquisas porque el hombre se había ganado la confianza en base a trabajo y resultados, además de ser considerado buena gente.

Para junio de 2014 tenía 44 años, y más de 24 de servicio. Había sido nombrado jefe de la Agrupaciones Unidades Especiales (AUE) de la Unidad Regional II, y según la imagen que tenía de él el ex gobernador Antonio Bonfatti estaba en condiciones de ascendido a jefe de policía de Rosario. El por ese entonces ministro de Seguridad, Raúl Lamberto, lo calificó como “uno de los más importantes investigadores”.

Según la reconstrucción de lo ocurrido el martes 10 de junio de 2014, Morgans salió pasado el mediodía de jefatura en su camioneta particular Toyota Hilux color negro. Pasó por un mecánico y luego decidió visitar a su hijo en el negocio que había adquirido hacía pocos meses en Rodríguez al 200, entre Salta y Catamarca.

El entorno de ese negocio está dibujado por casas de clase media alta, bares, el prestigioso colegio privado San Patricio enfrente y lindante al paredón del club israelita USAR. De hecho, en el extremo de ese tapial hay una cámara de seguridad fija, cerca del kiosco donde llegó el policía a las 15 de ese día. El negocio había sido inaugurado poco meses antes y no parecía tener una circulación de dinero que sedujera a maleantes con semejante nivel de violencia.

Vestido de civil, el comisario entró al maxikiosco donde también se podían pagar impuestos y servicios. Mientras su hijo hacía un arqueo de caja, Morgans preparó unos mates. Pero imprevistamente entraron dos delincuentes a cara descubierta. Al joven lo maniataron con precintos mientras que el oficial elevó su voz para identificarse como policía, pero le pegaron dos culatazos en la cabeza. Después se produjo un tiroteo.

Algunas hipótesis marca que el comisario no se identificó como policía y que los ladrones no tenían conciencia de su condición. Lo cierto es que se produjo un intercambio de disparos en un espacio de no más de dos metros cuadrados. Morgans murió en el acto con un tiro en la nuca y los ladrones huyeron sin llevarse nada.

Fuentes cercana a la pesquisa aportaron otros detalles. Dijeron que Morgans quedó desvanecido por unos segundos al recibir los culatazos, y cuando volvió en sí tomó tomó su pistola, hizo disparos y uno de los delincuentes le respondió. Uno de esos balazos le entró por la región intercostal. Cuando ya estaba en el suelo lo remataron con el disparo en la nunca. Por los rastros de un fogonazo en una de sus manos, se presume que alcanzó a agarrarle el arma al delincuente.

Desde ese momento no se supo nada acerca de los ladrones, que según los pocos indicios salieron caminando por Rodríguez hasta calle Catamarca donde habrían abordado un taxi o un colectivo. ¿Las cámaras de seguridad? Apenas un registro del colegio San Patricio donde se los observa de manera difusa.

Como nunca se informaron oficialmente detalles de la marcha de la investigación para conocer las evidencias y su calidad, tampoco se supo si hubo otras filmaciones, como la cámara del club USAR o la de viviendas privadas, el monitoreo de taxis y micros del transporte urbano, la declaración de testigos, pericias balísticas. Entonces todo se redujo a esperar un dato “de calle”, o que en alguna escucha telefónica alguien abra la boca, entregue un mínimo indicio, nadie “boqueó”, como se dice en la jerga policial. Parece muy poco para un caso tan relevante.

Hay que aclarar que siempre está dentro de las posibilidades que la pesquisa de un hecho se empantane por el contexto adverso (nocturnidad, ausencia de cámaras, de testigos, ausencia de rastros), pero el crimen de Morgans tiene puntos a favor en ese sentido. No obstante, a partir de algunas pistas, varios meses después se divulgó un identikit de uno de los agresores. Y se siguieron alrededor de una decena de líneas de investigación, se realizaron allanamientos y reconocimientos de persona, pero todos dieron resultado negativo.

El tema de Morgans sigue siendo un misterio, muy sensible desde lo político institucional. Su familia nunca más habló, y quienes lo hacen piden reserva de identidad. Algunos de sus colegas indicaron que el hombre manifestó tener miedo de que lo mataran unos días antes de que eso ocurriera. ¿Por qué? ¿Sabía algo?

Según lo dijo públicamente el secretario general de Apropol (el sindicato policial de Santa Fe no reconocido legalmente), iba a ser citado por la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados de la provincia creada para echar luz sobre el escándalo de la sustracción y violación de la notebook de Luis Medina de la que el policía había participado.Policiales

Hace un tiempo voceros con llegada a la pesquisa insistieron con “el homicidio en circunstancias de robo, y que en la causa no hay elementos que acrediten otra cosa, como un ajuste de cuentas, un crimen por encargo o venganza. El caso está en manos del fiscal Florentino Malaponte.

El rol del comsiario, la MAC y la intromision

Morgans tuvo un rol preponderante cuando fueron asesinados el sindicado narco Medina junto a su pareja Justina Pérez Castelli el 29 de diciembre de 2013 en Acceso Sur y Ayolas, frente al Casino City Center.

El comisario, hombre de confianza del gobierno provincial, llegó al lugar donde incautó una notebook MAC propiedad de Medina y un teléfono Samsung de una caja de seguridad del Pullman Hotel del casino donde la pareja asesinada se había alojado.

En ese mismo momento fueron convocados los funcionarios del gobierno provincial Javier Echaniz, ex secretario de Tecnología de Gestión, y Martín Degrati, su colaborador. Supuestamente debían desbloquear los aparatos. Morgans recibió órdenes superiores, no se sabe de quién, de entregarle los dispositivos a los técnicos y así lo hizo.Pero ese traspaso nunca fue ordenado por un funcionario judicial.

La jueza María Luisa Pérez Vara que debía estar a cargo de comandar la investigación y en todo caso instruir las medidas, había abandonado su turno para viajar a Cariló (luego la destituyeron por ese incumplimiento). Y aunque Echaniz y Degratti dijeron que manipularon la notebook bajo el amparo de una orden de la Justicia.

Sin embargo la jueza Raquel Cosgaya, que tomó la causa en lugar de Pérez Vara, desmintió esa versión. Entonces esa participación de los funcionarios hizo crecer las sospechas, sobre todo porque no eran auxiliares de la Justicia, ni peritos, ni investigadores. Desde el análisis más simple se vio como una clara e inexplicable intromisión del Poder Ejecutivo.

La Fiscalía provincial desistió de investigar el accionar de los funcionarios provinciales por resolución del fiscal Adrián Mc Cormak, que archivó la causa, que pasó a la Justicia Federal. Tras un peritaje de Gendarmería Nacional indicó que no se habían borrado archivos, aunque sí miraron qué había en la máquina. En abril de 2015 Echaniz renunció a su cargo tras irregularidades en la carga del escrutinio provisorio de las PASO.

El doble crimen y las connotaciones políticas

La oposición política de Santa Fe interpretó la muerte de Medina como un hecho grave en el contexto de la puja por el negocio narco y sus connotaciones político institucionales. En la Cámara de Diputados se creó en 2014 una comisión especial para investigarlo, que emitió un informe en la que se acreditaron irregularidades de funcionamiento institucional.

En esa comisión el 16 de septiembre de 2014 declararon la madre de Medina y de Justine, Ana María Frascona y Silvia Patricia Fuster respectivamente. En esa instancia relacionaron al empresario con el gobierno socialista. Frascona comentó que su hijo le había consultado sobre cómo hacer para apoyar financieramente al por entonces candidato a gobernador Antonio Bonfatti.

“Vi un montón de socialistas. Estaba hasta la Intendenta, Mónica Fein. La intendenta le ofreció a él, y de eso doy fe, los galpones donde está el tren, todos esos galpones se los ofreció gratis”, detalló Ana María al referirse a la inaguración del boliche Esperanto, emprendimiento que se frustró por la denuincia de vecinos, pero que ya tenía autorización muncipal.

Si bien esta declaración figura en el informe de la comsión, la mujer se negó a confirmarlos ante el Poder Judicial. Morgans también había sido citado a declarar en la Legislatura, pero fue asesinado antes de concurrir. Su crimen, según la pesquisa en un intento de robo, sigue impune.

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