BOMBEROS ZAPADORES: Loable tarea en un dantesco incendio en Santa Fe

Bomberos Zapadores 11 de octubre de 2018 Por
Varias dotaciones equipadas con camperas ignífugas y mangueras lograron controlar las llamaradas en el incendio de ayer, ocurrido en Av. F. Zuviría. La tarea fue ardua y duró más de tres horas. Dos historias detrás del operativo: “Si bien estamos entrenados, se vienen a la mente los afectos”, dijo uno de los héroes del día.
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Dantesco refiere a Dante Alighieri y expresa aquello que causa espanto o impresiona. Y el incendio de este miércoles a la mañana, en un depósito de Desarrollo Social, en Av. Facundo Zuviría 4100, generó eso. Se vio en los videos de los portales digitales, en las noticieros del mediodía, en las redes sociales: la escena se parecía acaso al Séptimo Círculo del “Infierno” del escritor florentino, donde el fuego caía desde el cielo y quienes penaban yacían sobre arenas ardientes: las montañas de humo negro, las llamaradas que no cedían, el temor al colapso de las estructuras.

Por la tarde, en la sede de la Agrupación Bomberos Zapadores de Santa Fe había varias hidrolavadoras que disparaban agua sobre las chaquetas ignífugas y las mangueras sucias y manchadas. Había que sacar el aceite que quedaba como vestigio y memoria del fuego. Quienes apagaron ese incendio de enorme magnitud fueron bomberos, hombres y mujeres que le pusieron el cuerpo a las llamas. Y ahí estaban, lavando y limpiando, en horarios de guardia y con caras de extenuación.

La odisea empezó a las 11 de la mañana. Tras el aviso, allí salieron dos dotaciones, pero después se sumaron más. “El incendio fue de grandes proporciones. Debimos desplegar más dotaciones de otros cuarteles de la ciudad”, relata el Jefe de la agrupación, Víctor Nicolini. Trabajaron en total cinco de Zapadores (unos 30 efectivos) más bomberos voluntarios de Las Flores, dotaciones de Franck, Esperanza. Assa y la Municipalidad pusieron a disposición agua: en total, para apagar el incendio se utilizaron siete u ocho cisternas, cada una de las cuales puede tener de 7 mil a 14 mil litros.

No son frecuentes

“Hasta ahora no se pudo determinar cómo se generó el incendio. Las causas están en evaluación. Se espera el personal de Pericia para que se entreguen los informes correspondientes”, agrega Nicolini. Y admite: “Este tipo de incendios no son frecuentes, la verdad. Fue realmente de gran magnitud. Pero han habido incendios grandes”. Recuerda uno del año pasado, el de la fábrica abandonada de Bajada Di Stéfano. Y otro en una fábrica de colchones, más atrás en el tiempo. 

“La carga de fuego era muy fuerte, por la presencia de aceite, colchones y frazadas. Había una gran ventolina”, añade Nicolini. Eso complicó el operativo, pero pudo controlarse. No hubo lesionados en los miembros de Cuerpo que participaron; sólo lesiones leves propias de una extinción. “Tenemos entendido que se hará una evaluación de la estructura del inmueble con personal de la Municipalidad, mediante Edificaciones Privadas, tanto del depósito como de las viviendas linderas. “Pero no quedaron en buenas condiciones”, opina el jefe del Cuerpo.

“Es muy movilizador”

Con manchas de aceite en sus manos, con rostros de cansancio, dejan las hidrolavadoras para hablar. Los bomberos Rodrigo Mansilla, oficial de incendio, y Diego Núñez, comandante, relatan lo vivenciado frente a ese fuego que fue la noticia local del día. “Si bien hacemos algo sobre lo que nos preparamos, es muy movilizador estar ante esas llamas. Nunca nos toca pasar eventos tan grandes como este incendio”, le dice Mansilla a El Litoral. 

Pero toda experiencia de este tipo “nos ayuda a crear lazos con distintos Cuerpos de bomberos que nos prestan colaboración de otros lugares. El apoyo de la Agrupación fue muy importante. ‘Tirando’ todos juntos, siempre se hace más fácil el trabajo al momento de hacerle frente a un siniestro tan grande: hacía mucho que no veíamos algo así en la ciudad”, relata.

Núñez tiene familia, esposa e hijos. ¿Qué pasa por la emocionalidad y la mente de un bombero al momento de enfrentar tamañas llamaradas? “En el momento, sólo te concentrás en el siniestro, hay tensión y ansiedad al principio. Una vez que se detecta que a la situación la podremos controlar, ahí empiezan a venir a la cabeza los afectos, sobre todo porque ellos saben que nosotros estamos en una actividad riesgosa y están preocupados”, narra el bombero. Igualmente, “me siento un profesional y la prioridad ante un incendio es resguardar la vida de mis compañeros y mi propia vida”.

Fuente: Diario El Litoral

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