Ladronas de bancos, escruchantes y pistoleras: el lugar de la mujer en el hampa

Interés General 18 de marzo de 2018 Por
La historia de Dalma tuvo su auge en 2010, y marcó un hecho poco común, que una mujer cometa un asalto.
ladronas

Dalma Anabela Luna pensó que el plan había sido perfecto. Se aferró a la mochila llena de dinero sin soltar la Ithaka Maverick 12/70. Su novio salió del banco con el arma y el cronómetro con el que solía medir el tiempo de cada robo: el aparato marcaba menos de un minuto. Otro cómplice les cubría las espaldas con una metralleta.

Pero en plena huida aparecieron los policías. En el tiroteo, el novio de Dalma fue asesinado de un balazo. A su compañero lo hirieron. Dalma –que tenía 19 años- vio todo, como si fuera una testigo privilegiada: pudo escapar, pero eligió quedarse con su amado y entregarse a la Policía.

Antes, con más odio que romanticismo, abrió la mochila y revoleó los billetes por el aire. Así fue su caída. En doce días había asaltado dos bancos: el Provincia y el Credicoop de San Martín.

Dalma Anabela Luna pensó que el plan había sido perfecto. Se aferró a la mochila llena de dinero sin soltar la Ithaka Maverick 12/70. Su novio salió del banco con el arma y el cronómetro con el que solía medir el tiempo de cada robo: el aparato marcaba menos de un minuto. Otro cómplice les cubría las espaldas con una metralleta.

Pero en plena huida aparecieron los policías. En el tiroteo, el novio de Dalma fue asesinado de un balazo. A su compañero lo hirieron. Dalma –que tenía 19 años- vio todo, como si fuera una testigo privilegiada: pudo escapar, pero eligió quedarse con su amado y entregarse a la Policía.

Antes, con más odio que romanticismo, abrió la mochila y revoleó los billetes por el aire. Así fue su caída. En doce días había asaltado dos bancos: el Provincia y el Credicoop de San Martín.

Huyeron en dos gomones por un túnel. Cuando entraron los policías, la banda se había ido y dejado un mensaje: “En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es sólo plata y no amores”.

Pero la esposa de uno de los asaltantes los delató a la Policía porque su marido se iba a fugar a Paraguay con el dinero, las joyas y una joven amante.

“Hay algunas chicas que van de caño, pero son las menos. Muchas tomaron el lugar de sus concubinos presos o asesinados”, cuenta Rubén Alberto de la Torre, ex ladrón de la superbanda y del robo del siglo al Banco Río.

“El mundo delictivo es machista por naturaleza. Pero más allá de eso, tanto en las fuerzas de seguridad como en las bandas de ladrones, es más común que el hombre maneje armas porque desde pequeños sienten más interés por eso mientras, por una cuestión cultural, las nenas juegan con muñecas”, opina la abogada penalista Analía Fangano.

casa de papelEn la ficción es distinto a la realidad. En la serie “La casa de Papel”, dos de las piezas fundamentales de la banda que da el gran golpe, Tokio y Nairobi, son mujeres.

Aunque la mayoría de los bandidos míticos son hombres (Juan Bautista Vairoletto, Mate Cosido, el Pibe Cabeza, “El Intelectual del hampa” Jorge Eduardo Villarino), el hampa argentina ofrece en su galería el nombre de una ladrona.

Ágata Galiffi, hija del mafioso Juan Galiffi, Chicho Grande o el “Al Capone de Rosario”. “En 1930, a sus 23 años, bellísima y de impresionantes ojos verdes, llamada ‘La Pantera’ y ‘La flor de la mafia’, intentó con su pareja de entonces traficar una gran cantidad de moneda falsa y asaltar el banco de Tucumán”, refiere Alfredo Serra en un artículo sobre esa pistolera.

El Gordo Luis Valor, ex líder de la superbanda, sorprende con este dato: “Yo llegué a hacer un laburo con una mujer. Era mi cuñada. Llegó a chorear disfrazada de tipo, con el pelo rapado y un bigote falso. Tenía mucha valentía”.

¿Qué opina la Policía? “En las más de 100 tomas de rehenes en las que actué nunca hubo una mujer. Es más: la mujer aparece cuando el ladrón pide por su madre o su pareja”, admite Miguel Sileo, ex negociador del Grupo Halcón.

“Los delincuentes no confían en las mujeres a la hora de, por ejemplo, robar un banco. No les cuentan el plan o las usan de campana. Cuando se aborta un gran robo, siempre se menciona a una mujer como culpable de la falla. Eso es un mito, pero es lo que creen las bandas, que no son mixtas. La mujer es más protagonista de delitos sin violencia: estafas, robos informáticos, venta de droga al menudeo o hurtos”, dice Fangano.

Habla una ladrona

“La adrenalina de caminar en una casa sabiendo que alguien puede abrir la puerta en cualquier momento, es poderosísima. Me costó hacerme mi lugar. Casi no hay chicas ladronas. Nos usan de mulas o transas. Fijate las colas que hay en las visitas en las cárceles. Todas mujeres. Madres, esposas, hijas. Y en las cárceles de mujeres no hay colas de hombres. Sólo ves mujeres. Los chabones se hacen los reyes con los fusiles, pero cuando llegan a casa son nenes de pecho. Para el macho el delito es como una vitamina. Aman a sus pistolas como a su sexo“.

La que habla es una ladrona cuya identidad se mantiene en reserva. Su marido fue un pirata del asfalto que estuvo preso por matar a un policía durante un robo. Aunque robó a punta de pistola, su especialidad es el escruche: entrar en casas en ausencia de sus dueños.

-¿Cómo se hizo ladrona?

-Cuando era chica me llamaba la atención una cosa: mi papá se iba bien vestido y volvía a los dos o tres días casi desfigurado. Parecía otro. Él decía que era viajante. Pero un día lo vi contando guita con un arma sobre la mesa y me dijo la verdad.

-¿Y usted cómo lo tomó?

-Me dio miedo que le pasara algo. Pero le dije que quería hacer lo mismo que hacía él. De hecho me enteré que mi hermano mayor era ladrón también.

-¿Y él que le dijo?mujer

 
-Que el delito no era cosa de minas. Que yo tenía un futuro mejor, que podía estudiar y tener una familia.

-Por lo visto no le hizo caso…

-No, pero no fue fácil. Me casé con un ladrón, que era compañero de mi papá. Y él tampoco me dejaba delinquir.

-¿Y cómo hizo para convencerlo?

-Al principio lo hacía a escondidas de él, pero una vez le conté. Y se puso loco. Pero debo reconocer que casi todo lo aprendí de él. Nunca me quiso enseñar, pero con las cosas que contaba me dio clases sin saberlo. Creo que quería protegerme. Aunque el otro día pensé que no me dejaba robar porque se ponía celoso. Siempre quería ser el más importante de la familia. El señor ladrón.

Las bandas tampoco la aceptaban por ser mujer. No confiaban en su palabra, decían que era un peligro porque iba a hablar de más, delatar, no tendría coraje o podía traer problemas en la banda si llegaba a acostarse con uno de sus miembros.

“Había muchos prejuicios. Por suerte uno de ellos me aceptó e hicimos una dupla. No éramos Bonnie & Clyde, ¡pero nos mandamos cada una! Una vez nos hicimos pasar por una pareja que discutía en el auto. Pero en realidad esperábamos la llegada del camión que traía la recaudación de una fábrica. Llegado el momento, bajamos con las armas para apretar”, cuenta.

Durante un tiempo su sueño era robar un banco. Sin cómplices. Quería hacerlo sola y sin ninguna máscara ni media en la cabeza. Quería que todos vieran su cara, sus ojos celestes y su pelo castaño largo. Quería que vieran su escote, olieran su perfume y su rudeza. Que eras capaz de sostener un fusil mejor que ellos.

Decía que se había hecho ladrona por placer, adrenalina y rebeldía. Porque ninguno de los hombres de su vida le había dejado robar. Eran pistoleros pesados que debían varias muertes. A ella la querían en la casa, cocinando, cuidando a tus hijos o visitándolos en la cárcel.

Pero ella hizo su propio camino. Y tiene su historia. La de una ladrona que se impuso en un mundo de hombres violentos.

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