ROSARIO: Siete detenidos por el secuestro extorsivo de un joven

Nuestros Policías en Acción 16 de abril de 2017 Por utrapol
Los apresados tienen prontuario por robo y venta de droga. Planeaban un segundo hecho para el día en que los capturaron.Serán indagados el lunes.
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El primer día de abril Iván Papurello, de 24 años, salió a las 0.30 de su casa para comprar helados. Vive con sus padres en zona oeste y la familia tiene una rotisería, a pocas cuadras de su casa. Cuando Iván estacionó cerca de la heladería, a su Ford Fiesta blanco se le acercaron dos personas y le apuntaron con un arma, lo encapucharon y lo trasladaron en otro vehículo a una casa de zona sudoeste. Allí lo reºtuvieron cuatro horas hasta que tras una tensa negociación Silvia, su madre, pagó una suma de dinero cuantiosa para que lo liberen, lo que sucedió a las 4.23.

El chico apareció vivo y a partir de ese momento se activó un operativo para dar con los captores. Luego de la reunión de variada evidencia, en la madrugada del jueves la Dirección de Inteligencia de la Policía de Investigaciones (PDI) y la Unidad Antisecuestros de la Policía Federal realizaron seis allanamientos en domicilios de la zona sur y sudoeste. Al cabo de esos operativos lograron detener a Diego G.; Miguel C.; Oscar D.; Jonatan S.; Miguel P.; José P; y Tamara T. Según el director de la PDI, Daniel Corbellini, "la banda se reunió sólo para cometer este delito, que en un primer momento nos preocupó mucho por que no se habían registrado secuestros de este tipo en el último tiempo". Los allanamientos fueron en Doctor Rivas al 100 bis, Grandoli al 4800, Rodríguez al 3800 y Ayacucho al 4300.

Los implicados

Los detenidos oscilan en edades que van de los 40 a los 50 años. Algunos cuentan con antecedentes por robo calificado. Es el caso de Diego G, un hombre oriundo de la ciudad de Santa Fe. Los otros acumularían delitos por narcotráfico. Todos serán llevados el lunes a los Tribunales Federales para ser indagados.

El mismo jueves, siete horas después de los últimos allanamientos, Corbellini junto a la plana mayor de PDI y el titular de la Unidad Antisecuestros de la Policía Federal, Jorge Alarcón, dieron detalles acerda de cómo se llegó a los detenidos y algunas características que posibilitaron la captura.

"Se trabajó en conjunto entre las dos fuerzas. El día del secuestro se asistió por medio de un operativo interdisciplinario con sicólogos que atendieron a familiares del muchacho y que luego, una vez liberado, pusieron el ojo en el perfil de los posibles secuestradores", aseguró Corbellini. La causa la tomó el Juzgado Federal 4, a cargo de Marcelo Bailaque y el fiscal Mario Gambacorta.

Los trabajos de inteligencia concluyeron que la banda, amparada en que el primer secuestro había sido exitoso, planificaba un segundo hecho similar, justamente previsto para la noche del mismo jueves en que fueron capturados. En los allanamientos se incautó un vehículo, aparentemente el que fue usado para trasladar al chico, y una pistola calibre 9 milímetros.

Los comisarios de la PDI Jorge Fello y Marcelo Marcos, que intervinieron en la investigación, destacaron que los apresados "tenían antecedentes y en los allanamientos no ofrecieron resistencia. Sabíamos que planeaban otro secuestro y nos corrían los tiempos". En tanto aseguraron que la banda se organizó al solo efecto de hacer el secuestro y eligieron al joven por su condición de comerciante. Los implicados son gente de Rosario y de la ciudad de Santa Fe. Ambos oficiales consignaron que "el dinero no se recuperó, pero si los elementos que compraron con esa plata". La Policía Federal. por su parte, realizó trabajos de inteligencia y según el oficial Jorge Alarcón "se chequearon domicilios y se aseguraron pruebas".

La misma madrugada del 1 de abril, Silvia, la madre del muchacho, recibió varios llamados de un mismo celular y habló siempre con un mismo hombre. El captor le pedía 500 mil pesos para liberar a su hijo y luego de que la policía le planteara que no accediera a esa suma, ya que era imposible conseguirla, la mujer pactó la entrega de 100 mil pesos, que al fin fueron 85 mil depositados en una bolsa de plástico y dejados en un lugar de zona sur. En todo ese periplo la policía mantuvo un objetivo: "asegurar la vida del chico y proseguir con la investigación", sostuvieron los jefes policiales.

En pánico

La tarde del 1º de abril, horas después de su liberación, Iván estaba aterrorizado en su casa de barrio Azcuénaga, a pocas cuadras de donde su padre tiene una reconocida rotisería. Tenía las manos hinchadas, estaba pálido y lanzaba las palabras como metralla. "Me encapucharon, me apretaron feo, tengo miedo por mi familia", dijo tembloroso.

"Me arrancaron del auto y me encapucharon. Yo hablaba solamente con uno de los tipos, no escuchaba que pasaba afuera. Me mantenían amenazado". Mientras el joven estaba cautivo, su madre se acercó a una comisaría y denunció que a la 0.30 su hijo había ido a comprar helado a unas cuadras de su casa y que en ese momento fue secuestrado. Declaró que la habían llamado por teléfono para pedirle rescate. Mientras la mujer estaba en la seccional recibió un nuevo llamado telefónico en el que le dijeron que "ni se le ocurriera" contactar a la policía. A los pocos minutos, en una nueva llamada, le explicaron que "sabían quién era, que tenía dinero y cosas de oro y que si no pagaba le iban a cortar las manos a su hijo".

El tiempo se detuvo hasta el momento en que el joven apareció vivo y en perfecto estado. A las 2 de la mañana la Brigada de Orden Urbano (BOU) detectó que el Ford Fiesta blanco patente KBE314 que conducía el chico al ir a la heladería se encontraba estacionado en Saavedra y Rodríguez. Un rato después, pasadas las 4, los uniformados recibieron la noticia de que el pago se había realizado y que el joven ya estaba con su familia. Habían pasado siete horas en el infierno.

Siguieron con escuchas directas a los imputados

La investigación conjunta de Policía Federal y PDI se basó en seguimientos telefónicos y escuchas directas, es decir, interceptaciones que no se grababan en soportes de audio para luego ser transcriptas, sino que los investigadores accedían a ellas en el momento en que se producían. Hubo a partir de eso capturas de imágenes fotográficas y de video de las personas sospechadas. Hasta que se dispuso la inmediata captura de los sospechosos frente a la inminencia de la concreción de un nuevo secuestro.

   El año pasado el Ministerio de Seguridad promovió dos cursos de capacitación para 22 oficiales de la PDI que fueron impartidos por efectivos de la División Antisecuestros de la Policía Federal. El plantel que tomó los cursos fue el que trabajó ahora en la pesquisa que terminó anteayer con siete detenidos por la privación de libertad de Iván Papurello.

   La preocupación del Ministerio de Seguridad se basó en lo inusual del delito de secuestro extorsivo consumado en la provincia de Santa Fe. El hecho de que se preparaba otro sugiere que esta banda tramaba establecer una rutina con este grave tipo de ilícito. "Por eso es tan importante dar un mensaje tajante de que al delito complejo se lo enfrentará con total rigor", indicó un portavoz de esa cartera.

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