Oficio de riesgo Gisele Vargas, la mujer que desactiva bombas: “El primer error puede ser el último”

Interés General 21 de octubre de 2019 Por utrapol
Es oficial mayor de la Policía de Ciudad, se capacitó y se convirtió en la primera agente femenina del escuadrón antibombas. Después de ella se sumaron otras.
policiales

"El primer error puede ser el último". Antes de salir a cumplir con sus tareas, Gisele Vargas se repite esta frase. Es agente de la Policía de la Ciudad​, integra el escuadrón antibombas y se convirtió en la primera mujer desactivadora del cuerpo. En un ambiente históricamente dominado por hombres, se abre camino y le hace lugar a otras compañeras que siguen sus pasos. De hecho, ya tiene una colega con su mismo cargo y otras, estudiando para integrar el cuerpo.

Pero Gisele jamás imaginó que podía estar en el lugar en el que se encuentra hoy. Gisele ya tuvo su prueba de fuego con un sobre-bomba que fue hallado en un cesto de residuos y que desactivó sin mayores problemas. Vive en la localidad de Ezpeleta (Quilmes), tiene 33 años y dos hijas a su cargo. Una de sangre y otra, del corazón: Priscila, de 14 y Agustina, de 16. Ahora que están más grandes, siente que puede congeniar sus horarios laborales con su vida familiar y sus intereses personales, como ir al gimnasio o practicar boxeo.

Por momentos, las jornadas se hacen eternas, porque la capacitación es una parte vital de su trabajo. Pasó dos meses en una base de la Armada Argentina, en Punta Alta (Bahía Blanca), participando de dos cursos diferentes. "Es uno de los pocos lugares en donde se pueden montar escenarios muy cercanos a la realidad", contó Gisele.

Ahora con el grado de oficial mayor, Gisele llegó a su riesgosa función en un momento en que se están generando nuevos paradigmas. Básicamente porque la integración de la Policía Federal con la Metropolitana, en 2017, aceleró cambios que van en paralelo con lo que ocurre también en otros ámbitos, en donde las mujeres empiezan a ganar espacios que les fueron negados históricamente. Si bien la ley no establece un porcentaje de puestos de la Policía de la Ciudad que deban ser ocupados por mujeres, ya son el 25% del personal. Y esta cifra está en ascenso: según los datos de la Fuerza, en las dos últimas camadas de cadetes -la que egresó en 2018 y la que está cursando este año- ingresó la misma cantidad de mujeres que hombres.

Claudio Kirianovicz es el jefe del escuadrón antibombas. Trabajó 26 años en la Federal y contó a Clarín que el cambio a Ciudad le permitió tres cosas: incorporar mujeres al equipo, desarrollar protocolos de acción y cambiar la mirada sobre la evacuación de las escuelas cuando hay amenazas de bombas. Respecto a las mujeres, destaca: "Sobresalen intelectualmente. Tienen una lucidez mental y una frialdad muy necesarias para este trabajo. Además manipulan objetos con una precisión y un detalle vitales para la tarea", sentenció.

ada vez que llega una alerta a la central, todo el equipo sale a la calle preparado para enfrentar una amenaza real. Cuenta que en la Argentina hay muy pocas personas que arman bombas: "Habitualmente no son quienes las colocan -explica Gisele-. Por ejemplo, en el atentado a la tumba de Ramón Falcón, en el Cementerio de la Recoleta, hubo dos detenidos, pero la investigación determinó que no fueron ellos quienes fabricaron la bomba".

El equipo también interviene cuando hay amenazas de bomba en las escuelas, pero con un cambio que pudieron implementar en los últimos tiempos: sin evacuación de los alumnos, lo que desalienta las amenazas. En general los llamados son realizados por chicos que quieren suspender las clases porque hay un examen. También se reciben cuando hay personal despedido. Y según cuentan, existen algunos casos más insólitos: padres que ya no pueden pagar más la cuota y, antes de asumirlo, argumentan que la escuela se volvió insegura.

Gisele se siente bien abriendo este camino que quizá aliente a otras compañeras a sumarse al equipo. "La realidad es que lo que hacemos no distingue entre mujeres y varones. Lo más importante es la capacitación y la confianza en tu compañero o compañera, porque en cada intervención que hacemos, confiamos nuestra vida a ellos o a ellas. Creo que esto nos iguala de una manera muy concreta", sostiene.

A nivel político, en marzo se reglamentó la ley de paridad de género (que había sido votada en 2017), que implica que en las listas electorales estén equiparados en cantidad, hombres y mujeres. Muy por el contrario, existe también una ley de paridad de género sindical que marca un piso del 30% de participación femenina, pero no se cumple. Según estimaciones de la Secretaria de Trabajo y Empleo de la Nación, la representación femenina no supera el 18%.

FUENTE: Diario Clarin

Te puede interesar