Es penitenciario, estuvo cinco años detenido por el suicidio de un preso y era inocente: su hijo murió mientras estaba bajo arresto

Interés General 28 de septiembre de 2019 Por
Leonardo Villafañe fue acusado de “abandono de persona seguido de muerte” pero absuelto por el Tribunal Oral Criminal Nº3 de La Plata. El calvario de vivir de los dos lados de las rejas.
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El 23 de octubre de 2013 marcó un antes y un después en la vida de Leandro Villafañe, un alcaide del Servicio Penitenciario Bonaerense que trabajaba en el Penal de Olmos. Ese día, el suicidio de uno de los presos en el sector de convivencia desencadenó en un hecho inesperado que lo cambió para siempre. Fue pasado a disponibilidad simple durante los 6 meses que duró la investigación interna, forzado a cambiar de lugar de trabajo cuando volvió a tomar el servicio y luego detenido por “abandono de persona seguido de muerte”. Por esa causa penal en su contra, tuvo pasar los últimos cinco años y medio privado de su libertad, hasta que el 17 de julio fue absuelto por el Tribunal Oral Criminal Nº3 de La Plata.

“Tanto el juez como el fiscal valoraron correctamente las pruebas que presentamos. El preso que se ahorcó estaba siendo tratado por psiquiatras y no tenían por qué atribuirle a un encargado de turno el darse cuenta de si una persona estaba predispuesta a sacarse la vida. Además, el psiquiatra tampoco le hizo a mi cliente ningún llamado de atención”, explicó a Infobae el abogado Miguel Angel Molina, quien junto a Alfredo Gascón llevaron adelante la defensa de Villafañe.

Para el letrado, “la conducta del interno que decidió quitarse la vida era atribuible a él mismo y no a otra persona”. Y agregó: “Acá hubo una desgracia, no había culpables”.

Mauro Pérez Ugarte, la víctima fatal, también era agente penitenciario. Había sido arrestado por robo y la noche de su muerte estaba más inquieto de lo habitual porque había solicitado contactarse con su familia.

Villafañe le negó hacer esa llamada telefónica por estar fuera del horario permitido.

“Mi compañero me había dicho que Pérez Ugarte ya había hablado al mediodía. Y si yo volvía a permitirle que hablara iba a tener problemas con los demás presos. Más allá de que tenía buena relación con él, porque en varias oportunidades habíamos hablado, tampoco quería hacerle ese favor porque no estaba al tanto si los demás sabían que era un penitenciario”, contó Villafañe a Infobae, quien además señaló que en la última charla que había mantenido con él le había contado que estaba a punto de salir en libertad.

“Lo que menos me iba a imaginar era que se iba a colgar”, remarcó.

Según el último informe anual de la Comisión Provincial por la Memoria (CMP), presidida por el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, durante 2018 murieron 140 presos y se autolesionaron 976 internos que estaban bajo la custodia del SPB. “Este tipo de reacciones de las personas detenidas tienen que ver con los distintos tipos de tortura carcelaria que padecen. Ante la desidia y el desprecio, marcar el cuerpo emerge como una estrategia de ser escuchadas. La frecuencia más alta la presenta la categoría de problemas familiares/personales (41%) seguida por pedidos de traslado (29%)”, sostiene el relevamiento.

La situación procesal de Villafañe se complicó aún más tras la declaración -en primera instancia- de casi una veintena de presidiarios que se encontraban en el sector de convivencia al momento del suicidio y que le escucharon decir: “Cerrá la boca refugiado y ahorcate. Total, uno menos”. Los detenidos, en el caso que fue adelantado por el diario platense El Día, acusaron directamente al penitenciario de no hacer nada para evitar el desenlace. Cerca de las 20 horas de ese miércoles, Pérez Ugarte cumplió con lo prometido y se ahorcó con un cinturón sujetado a la reja interna de la celda.

“Los suicidios de los presos funcionan como puntos de una escala de reclamos en que el cuerpo de la persona detenida actúa como soporte y que se materializa por la desatención y el abandono al que son sometidas”, advierte el informe de la CMP.

Cuando sonó la alarma en el penal para advertir que algo grave ocurría, Villafañe se encontraba haciendo un recorrido por las celdas del quinto piso de la cárcel, que también estaban a su cargo. Ese día, era el responsable de controlar a cerca de 270 presos. “Cuando escucho la sirena, bajo al Puesto de Control, agarro mi escopeta por si había alguna toma de rehenes o una pelea entre ellos, y voy para allá”.

Al llegar, uno de sus compañeros le pide que le consiga una manta. Cuando se la alcanza vio a Pérez Ugarte ahorcado. “Lo primero que quise hacer fue descolgarlo. Pero mi superior dio la orden de no hacer nada porque al tomarle el pulso comprobó que ya estaba muerto. Llamó al médico de guardia, que constató su muerte, y después vino la policía científica y el fiscal. Yo era consciente que se iba a abrir un sumario, en el que todos los que estuvimos esa noche íbamos a tener que rendir cuentas. Lo que menos me iba a imaginar es que terminarían responsabilizándome por eso”, admitió.

Villafañe ingresó a la escuela de cadetes del SPB apenas terminó el secundario por la insistencia de su tío (que fue quien lo crió ya que su papá falleció cuando él tenía 4 años), que era oficial mayor retirado. “Me dijo que era un trabajo asegurado porque te otorgan un destino apenas te recibís, te pagan bien y te dan obra social”, reconoció el alcaide.

Egresó en el 2006, cuando tenía apenas 22 años, y le dieron una pasantía de 6 meses en la Unidad Carcelaria N° 9 de Villa Elvira. Luego lo destinaron a la Unidad N° 32 de Florencia Varela, donde estuvo tres años y consiguió que lo ascendieran a subalcaide. Continúo su carrera en la Unidad 23 como inspector de pabellón y encargado de turno hasta que lo pusieron a cargo del Programa de Prevención contra la Violencia.
“En esa cárcel le salvé a la vida a un interno que se quiso colgar. En una de las recorridas, lo vi justo y le pude cortar la soga del cuello cuando aún respiraba. Este episodio fue unas de las cosas que me favorecieron en el juicio”, reconoció.

A la Unidad Penal N° 1 de Lisandro Olmos llegó a mediado de 2011 bajo la modalidad “24 x 48”, que consiste en trabajar 24 horas seguidas y tener 48 horas de descanso. “Pero casi nunca era así porque siempre me asignaban horas extras y me la pasaba más tiempo trabajando que en mi casa”, contó.

Dos años después, y tras el suicidio de Pérez Ugarte, a Villafañe lo pasaron a disponibilidad simple (no trabajaba pero seguía cobrando el 100 por ciento de su salario) durante 6 meses. Ya de vuelta al servicio, lo destinaron a la Alcaidia N° 3 de La Plata donde apenas llegó a trabajar un mes. “Un día me llama mi jefe a su oficina y cuando entro me estaban esperando los oficiales de DDI de La Plata. Me detuvieron y me llevaron a la Alcaidía Petinatto”, relató. Allí permaneció alojado junto a otros miembros de las fuerzas de seguridad, a quienes también se les habían iniciado causas penales. Había policías, gendarmes y penitenciarios. “Nos desahogábamos entre nosotros y nos acompañábamos en los malos momentos”, recordó.

Sus días en prisión le resultaban interminables. Le permitían salir al patio una hora a la mañana y otra a la tarde, y una hora al pasillo. El resto del tiempo lo pasaba en la celda, pero sin tener contacto con los presos comunes. Y de vez en cuando recibía la visita de sus tíos y de sus compañeros de Olmos.

Pero la que siempre estuvo a su lado fue su esposa, que le llevaba a los chicos cada vez que iba. En ese momento, la hija de Villafañe tenía 3 años y su hijo 6. “Les decía que estaba trabajando pero el nene no entendía porque no volvía a casa. A él le mentía con que estaba haciendo horas extras para comprarle la Play que me había pedido. Pero con el pasar de los meses me llegó a decir que ya no quería la Play y que prefería que volviera a casa porque quería estar conmigo. Ese momento fue terrible”, contó.

Para sus abogados, Villafañe tendría que haber pasado todo el proceso en libertad. “No había riesgo procesal, tenía domicilio fijo, tenía a su mujer y a sus hijos, y siempre estuvo a derecho. Por eso, finalmente la Justicia resolvió otorgarle la prisión domiciliaria”, señaló Molina.

Los días que estuvo preso en su casa de Ringuelet, Villafañe los aprovechó para terminar de construirla ya que estaba a medio a hacer. “Aprendí a colocar pisos, levantar paredes y revocar mirando videos de YouTube. Pero eso pude hacerlo mientras cobraba la totalidad del suelo. Cuando me pasaron a disponibilidad preventiva solo me pagaban la mitad así que tuve que dejar la construcción porque no tenía plata comprar los materiales y empecé a dedicarme a las tareas del hogar. Me encargaba de cocinar y de cortar el pasto, que era lo que más me gustaba”.

El juez le permitió a Villafañe tener salidas laborales. “Su prisión domiciliaria fue sin pulsera electrónica porque así lo dispuso el juez. Hay muchos casos así. Cuando esto ocurre por lo general, desde el Patronato de Liberados, controlan que esté en el domicilio. Villafañe trabajó de albañil”, informaron a Infobae fuentes del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB).

El tiempo que estuvo preso también le sirvió para reencontarse con la religión y empezar a leer la Biblia. Lo hacía como algo terapéutico Poco después, a su hijo de ocho años le diagnosticaron leucemia. Fue por ese motivo que decidió violar la prisión domiciliaria y se escapó directo al Hospital de Niños de La Plata, donde estaba internado el nene, para verlo.

“No me importaba nada. No dudé ni un segundo de escaparme. La primera quimio fue terrible porque le quemaron los intestinos y tuvieron que operarlo de urgencia. Se le fue cayendo el pelo, empezó a perder peso y no pudo volver a reponerse. Fue fulminante”, se lamentó Villafañe, a quien en esa instancia ya le había permitido visitarlo durante dos horas por día. “Mi hijo murió sin enterarse que yo estaba preso porque lo primero que hice cuando me dieron la domiciliaria fue comprarle la Playstation que yo le había prometido”, aseveró.

Villafañe fue absuelto el 17 de julio de este año y días después pidió volver a su trabajo.

En tanto, desde el SPB confirmaron que “ni bien la justicia lo sobreseyó, el sumario administrativo dejó sin efecto la disponibilidad preventiva y se lo readmitió”. Hoy, Villafañe cumple funciones en la Subdirección General de Supervisión Electrónica, en la Dirección de Videovigilancia.

FUENTE: Infobae

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